Alentar por necesidad

River se encuentra transitando el segmento definitorio de la categoría. Es quizás, el ciclo más difícil de toda su vida deportiva. Aquí no se juegan copas, campeonatos ni torneos, aquí se encuentra en juego la SUPERVIVENCIA FUTBOLISTICA del club con más títulos en la Argentina.

La justificada bipolaridad emocional del hincha -que sufre esta realidad como nadie- se conjuga con la presión (indomable a veces) que padecen el cuerpo técnico y los jugadores y con la ansiedad de todo el mundo River.

Esta mixtura pasional genera un cóctel explosivo de opiniones y acciones. Vamos del halago al insulto, de la esperanza a la desazón, de la confianza a la duda, todo esto en cuestión de minutos y en ocasiones, hasta de segundos.

En el medio de todo, encontramos:

1. Batallas dialécticas de jugadores del plantel (Chori Domínguez por caso) con un sinnúmero de hinchas a través de las redes sociales.

2. Declamaciones verborrágicas, inoportunas e innecesarias de nuestro presidente y D.T. trenzándose en un duelo retórico con sus pares acerca de cuál de los clubes es el más popular del país, en una instancia en la que deben ocupar todo su tiempo y esfuerzo en ascender y olvidar lo antes posible este humillante presente.

3. Decisiones cuestionables como aumentar sideralmente el valor de las plateas en un momento en el que el ojo de la dirigencia debe estar posado mas que  nunca en el hincha, aliviándole este pasaje infausto y desplegando todo tipo de acción tendiente a dotarlo de contención y seguridad y no de nervios y exaltación.

4. Falta de respuestas del plantel y cuerpo técnico en el verde césped a la hora de ganar los partidos clave, con actitudes a veces egoístas y con defectos de técnica que pueden obedecer a falta de dedicación –lo dudo- o a la inestabilidad emocional que les genera el momento deportivo que se encuentran viviendo y que redunda en sus capacidades motoras.

Nada se encuentra en su lugar y todo redunda en la reconocida ignorancia de no saber cómo acomodarnos a esta categoría.

Quedan siete finales (la tan trillada frase hoy es mas cierta que nunca). Toda la pléyade riverplatense debe estar en su centro. Comenzando por los dirigentes a quien les asiste además de la obligación de evitar acciones que exasperen al hincha, el dotarlo de seguridad y organización. Deben asumir también, la responsabilidad indelegable de articular los medios políticos para instar las acciones necesarias tendientes a allanar el camino del club a la hora de que el balón ruede en el campo, entiéndase como se entienda. No deben ocuparse más que de ascender, así de simple es el tema, para todo lo demás, hay tiempo. Todo lo que se haga en contrario no contribuirá en nada al objetivo.

En cuanto a los jugadores, deben estar a la altura de las circunstancias y de este Club, así, con mayúsculas, evitando las confrontaciones con simpatizantes y terceros y entendiendo que son profesionales a los que les asiste la gran responsabilidad de dejar a River en la primera división. No deben malgastar el tiempo y los esfuerzos en un folklore que deberían ignorar, deben mas bien concentrarse unívocamente en el objetivo final y en rendir en la cancha y no en el Twitter o en la T.V. Olvidarse de las “comunes distracciones” y de reclamar absolutamente nada. Son siete fechas, siete, y todo volverá a la normalidad. Se lo deben a la gente que siempre los alentó, a los que recorrieron kilómetros para acompañarlos, a los que sufren en silencio.

Concluyo con nosotros, los hinchas. Los castigados hinchas, a quien les pido una vez más apoyar para tratar de descontracturar el fatídico contexto y aflojarle la presión a nuestros representantes en la cancha. Ningún cambio radical ayudará a River a vencer su destino inmediato. Debemos actuar con inteligencia y cautela poniendo los intereses de River por encima de los personales y los de cualquier corporación. El hincha millonario juega en la actualidad un rol preponderante que me animaría a tildar de decisivo. No debemos ser nosotros quienes le pongamos un palo a la rueda del ascenso. Alentaremos observando, criticando, pero alentaremos. El final del camino nos encontrará con el alivio tan esperado. De no ser así, otro será el cuento, otras las palabras y otras las acciones.

Vayamos por el ansiado ascenso, todos juntos. Archivemos temporalmente las broncas y las peticiones y armonicemos el clima, ése tiene que ser nuestro aporte, uno más, entre tantos. Todo por River, convencidos que –en palabras de mi amigo Agustín- ascender no es un mérito, sino una obligación.

Por Favio Assad (@Profe_k)