Filial Enzo Francescoli, Mar del Plata

(GALERÍA DE IMÁGENES INCLUIDA) La historia de los hinchas de La Feliz, contada desde la caravana al partido Aldosivi vs. River.

Domingo al mediodía. Dean Funes y Colón. Una pasión que nació el 17 de enero de 1978. Emanuel tiene 28 años, es el Secretario de la agrupación que hace mucho fundó su papá. Ahí también conoció a su esposa, y a sus mejores amigos. Ayer, como siempre a ver a River. Pero haciendo de local en su ciudad. Esta vez le toca recibir a la gente de Necochea, Bahía Blanca, Pinamar, Miramar, Necochea. Y de barrios de Buenos Aires como Hudson, Merlo, Tigre, Morón, Moreno, Caseros, Berazategui… más de 50 micros esperando la caravana al estadio.

“La filial es un motor de 100 personas, y nuestra bandera va siempre a todos lados. Siempre vamos de local y de visitante. Es una locura pensar lo que gastamos en estos últimos años”. El sábado estuvieron en el hotel de los jugadores en su llegada junto a 300 hinchas, hoy le dieron la bienvenida a la gente que viajó e hicieron un gran asado.

“Todos los partidos tenés que viajar como mínimo 400 kilómetros. River es nuestra única manera de vivir, por River yo tuve una hija, y fuimos hasta a Japón. Nunca vimos tantos hinchas como hoy. Hoy la cancha va a estar más llena que cualquier clásico vivido en esta ciudad. Falta poco para la definición del torneo. ¿Festejar o no festejar? Festejo, pero medido, porque la mayoría coincidimos con la bandera: ascender es una obligación”.

La filial en los 90 pasó a llamarse Enzo Francescoli. Sus fundadores fueron 14 personas, recordadas en un cuadro en la sede de la filial. Hoy como ayer, otras 15 personas se hacen cargo de las cosas más importantes, muchos hijos de los creadores. Allí se pueden observar desde banderas, cuadros, hasta cortinas y vasos de River. Siempre la televisión prendida siguiendo los otros partidos. Chori, hamburguesas, Fernet y a la cancha.

“La banda quedará y nunca te va a abandonar”, cantan los hinchas en la caravana de más de 20 cuadras hacia el Mundialista. Algunos en los micros, otros en autos, otros caminando. Allí se van juntando con más desconocidos que van llegando. Expectantes, impacientes, pero con todo lo que se sufre, igualmente, una manera de vivir y de ser feliz, porque este es su lugar en el mundo.

Como hace 34 años cuando se reunieron por primera vez. Como hoy y como mañana, y pasado y pasado. Clima de fiesta en las calles, aunque no sea clima de fiesta en el campo de juego, ni en la historia millonaria. Porque este es el clima del  partido que se vive en las tribunas, ese que es otro partido, en el que siempre se gana, porque siempre, aunque cueste el corazón, hoy también jugamos nosotros.

Por Luciana Flesler