Gloria a ti, Rey David

¿Qué Trezeguet le pegó mal? Que importa.. River le ganó 1-0 a Instituto, jugó muy bien y quedó a uno de la punta.

Había tensión. El Monumental a pleno. Parecía una final de Copa. Por primera vez en la temporada, River estaba fuera de la zona de ascenso directo. Si había ganado Central bien temprano y el equipo de Almeyda estaba tercero en la tabla. Y había que ganar. El tema, porque esto es River, es el cómo. Y River le ganó a Instituto jugando bien. Siendo muy superior. De a ratos, pasando por arriba al equipo que mejor había tratado la pelota en las 30 fechas disputadas. Y contando con un fenómeno del área como David Trezeguet, que aún pegándole mal al balón le dio la victoria a River para quedar a uno de Instituto. Gloria a ti, Rey David.

Almeyda acertó con el planteo. Así de simple. Asumió riesgos. Propuso el mano a mano. Como Franco, su colega cordobés, el Pelado pasó por la escuela bielsista. Entonces intentó un partido de vértigo puro. Donde el desequilibrio individual iba a prevalecer. Ganó River. Por potencial. Por mejores jugadores. Y porque como equipo fue más. E Instituto resultó ser una sombra.

Plantó línea de tres el Pelado. Sánchez fue volante y no jugó bien. Funes Mori, que es zurdo, se fue a la derecha y anduvo bien más allá de un arranque dubitativo. Maidana sobraba y Díaz completó el trío. Así se paró River de movida. Nada de 4-4-2 ni 4-2-2-2 como se había especulado. Volantazo de su DT.

River buscó ser un vendaval desde el primer minuto. Con el Maestrico, otro acierto del Pelado, jugando bien abierto por izquierda para tirar el centro que el testazo de Trezeguet cayó en las manos de Chiarini. Con el Chori más arriba que lo habitual, aunque inconexo de los dos de arriba.

River sufrió apenas con un mal retroceso de sus volantes, pero Instituto no estuvo fino arriba en ese primer tiempo. La más clara la tuvo Dybala (no apareció por el Monumental, Franco lo terminó sacando), con un derechazo que controló Vega. Y luego Lagos llevó peligro con un cabezazo.

Con una cancha que estaba mal después de los recitales, River continuó yendo. Trezeguet le metió un centrazo a Cavenaghi, quien se acomodó mal y le dio con la rodilla para dejarla en el techo del arco. El Torito devolvió gentilezas y se la dio a David, que de frente al arco falló porque la pelota se levantó justo cuando iba a ajusticiar a Chiarini.

Instituto, y eso le vino bien a River, dejó jugar. Fue abierto y generoso para con el espectáculo. Eso le permitió a los de Almeyda ser más agresivos y más directos, algo que no perdió en el segundo tiempo. Allí, River justificó el triunfo. Y hasta pudo golear.

De movida, el Maestrico González sacudió el travesaño. El gol estaba al caer. Franco había incluido un defensor (Rébola por Videla; uno de los mejores se lesionó) y ya estaba metido atrás. Todo por mérito de River. Y de tanto ir, cayó la ficha. Tras un lateral, Cavenaghi combinó con el venezolano, el 9 pateó, Chiarini dio rebote y él, el Rey David, le pegó como si fuera de revés, pero el tiro defectuoso terminó entrando igual a pesar de la mano que metió un defensor cordobés. Era el merecido 1 a 0.

River no se quedó. E Instituto se sacó. Tanto que le echaron a Damiani. Dybala, la joya que no brilló en Núñez, salió. Fileppi y Encina, los que manejan el fútbol, se borraron. Liviana la apuesta de Instituto.

Almeyda siguió yendo al frente con las modificaciones. Ocampos por el Chori para terminar de romperlo por los costados. Funes Mori fresco por un extenuado Cavenaghi. Fue tan limpia la victoria de River que su técnico no buscó hacer tiempo en el final haciendo el cambio que le quedaba disponible.

Fue el mejor partido del torneo. Por el rival. Por la presión. Porque el técnico lo planteó bien aún cuando le podría haber salido muy mal. Porque jugó bien. Porque ganó. A lo de River.

Por Leandro Buonsante y Antonella Valderrey

Foto: Olé