La Banda que aguanta

Desde que somos chicos, la vida nos enseña a aguantar. Las maestras te enseñan a aguantar las ganas de ir al baño en clase. Tus papás te enseñan a aguantar las malas palabras. Los amigos te enseñan a aguantar novios y novias insoportables; el tiempo, a aguantar la llegada de un gran amor. Los médicos te enseñan a aguantar el dolor y tu equipo te enseña a aguantar la vida junto a él.

Tu equipo te enseña a no abandonar, a querer al prójimo en la platea o en la popular. Te enseña a aguantar hasta el final, a contener la respiración todo lo que dura un penal, a poner la cara un lunes cuando el domingo todo fracasó. El equipo de tus colores, el club de mis amores, te enseña que no hay cosa más linda que gritar un gol, que llorar de emoción. Tu equipo, el mío, nos enseña a aguantar; ni en las buenas, ni en las malas: siempre.

Aprendimos a aguantar, allá a lo lejos, cuando en dieciocho años no pudimos ver la luz. Aprendimos a aguantar, acá mucho más cerca, cuando el J26 todo estalló. Aprendimos y aprendemos a aguantar partido a partido, gol a gol. Aprendemos a aguantar cuando el arco se cierra y ya no hay solución, cuando el árbitro tiene el poder pero no la razón, cuando el hincha de otro equipo se ríe de vos.

Aprendimos y seguimos aprendiendo a aguantar porque nuestro equipo nos enseñó eso pero también mucho más. Nos enseñó lo que es el amor. Después de todo, amar se  trata un poco de eso, de aguantar y esperar, de tener paciencia por las mejores cosas que la vida tiene para ofrecernos; de no claudicar, porque nada se consigue sin esfuerzo.

Hace treinta fechas que venimos aguantando pero en realidad hace mucho más porque al equipo lo aguantamos toda la eternidad. Lo hacemos por amor, porque los colores no tienen vencimiento. Lo hacemos, vos y yo, porque tu equipo es mi equipo y porque ellos son nosotros. Son como vos, son como yo y también aprendieron a aguantar. Vamos, vamos, River Plate. Hoy -mañana y siempre- te venimos a alentar aguantar.