A flor de piel

Cuando uno usa un cuchillo, espera que el cuchillo corte porque -claro- es un cuchillo y para eso están.  De la misma manera, cuando uno ve a River salir a la cancha, espera que River gane-guste-golee porque –claro- es River y la historia así lo exige. Sin embargo, los cuchillos no siempre cortan y River no siempre gana-gusta-golea porque el tiempo puede oxidar hasta las mejores herramientas. A veces pareciera que el reloj nos pasó por encima y el dogma de las tres G se transforma tan sólo en un recuerdo de antaño.

Yo crecí en los 90’ viendo al Enzo salir campeón, festejando tres torneos al hilo y gritando goles de todos los colores. Es cierto que nunca tuve el honor de verlo jugar al Beto o a Amadeo pero todavía recuerdo lo que se siente empezar cada lunes con una sonrisa en la cara porque viste a tu equipo no sólo ganar sino también jugar lindo. Hoy las cosas son diferentes y, aunque lo importante es ganar para volver, el hincha se impacienta con muy poco porque quiere ver a River ser lo que alguna vez fue.

Pareciera que todo evento relacionado al Millo es una bomba a punto de explotar. Declaraciones de los jugadores, cambios tácticos, decisiones del DT, el pasto de la cancha, el horario del partido o el árbitro que nos puede tocar. Cada vez que el barco se tuerce un poco, aflora la sensibilidad y los fantasmas del J26 vuelven a acechar. Una palabra demás, un gesto, un pase mal dado o la falta de creatividad.  No te muevas mucho porque vuela todo.

Cada vez estamos más cerca del final del torneo y sentimos que ya no es tiempo de permitirse errores. Hay que ganar o ganar y, cuando las cosas no se dan, la tormenta se avecina. Queremos que River gane pero también queremos que guste y golee cuando –hay que entender- no siempre se puede. Tenemos el mejor plantel y a los mejores jugadores pero, aunque es su deber dejar la vida estos colores, el contexto condiciona. Mucho. Esperamos ver taquitos y gambetas cuando hay cincuenta mil personas gritándole a un tipo con la pelota en los pies. Son profesionales pero –hay que entender- también son personas.

Hoy quiero que River gane y no creo mi paladar sea menos negro por no exigir fútbol deluxe. No en este momento, no en esta situación. Quiero volver -vamos a volver- y para eso hay que ganar. La impaciencia está a flor de piel y el dolor se nota en cada rostro derrotado después de ver al equipo jugar mal pero tenemos que aguantar. El tiempo pasó y quizás sea hora de aceitar un poco los engranajes para que esta máquina vuelva a funcionar pero, cuando menos nos demos cuenta, vamos a volver a gritar y lo único que va a florecer es la piel de gallina que tanto amamos tener.