River, la ilusión que se demora

Casi 25 mil hinchas fueron testigos de uno de los peores partidos del equipo, en la cancha de Vélez. La condena de sufrir hasta el final, la disconformidad con el juego, el aguante vs. el paladar negro. Lo que queda: tomar fuerzas y tener esperanzas para revertir la situación en las próximas fechas.

“Soy millonario por las glorias alcanzadas, no como otros que son hinchas de su hinchada”, dice Ignacio Copani en una de sus tantas canciones… La gente sigue llenando las tribunas, buscando ídolos, rastreando el buen juego que no aparece.  El mismo equipo al que River había goleado, hoy le saca la posibilidad de sumar tres puntos fundamentales. Desconcierto, preocupación, enojo. Eso se vivió en las plateas este fin de semana.

Un gran recibimiento desde el principio para el equipo por parte de la gente, una gran convocatoria, algo que dejó de ser noticia hace mucho tiempo. El “soy de River” para reafirmar una identidad que muta partido tras partido, que mezcla generaciones e historias. La previa que se había vivido en los alrededores del estadio a todo color, en las plazas, en los micros. Un domingo, como en los mejores tiempos, la salida del equipo a la cancha con el “yo soy de River porque el mundo me hizo así…”. Un partido que a priori no iba a ser tan complicado. Pero con el pasar de los minutos la gente se iba a terminar de dar cuenta de que dejaron de existir las reglas.  Y se iba a empezar a acostumbrar en cambio  al “todo puede pasar”. A hacerle partido a Instituto, pero a perder con Aldosivi o con Patronato.

En lo que todos coinciden es en que la falta de regularidad,  porque todavía no se encontró el equipo. Porque las figuras por si solas no alcanzan. La hinchada gritó “ponga huevo que ganamos”, cuando iba perdiendo 1 a 0. La hinchada pidió al Keko y a Aguirre. La hinchada cantó por  “el Cavegol”,  o el “movete deja de joder, hoy no podemos perder”. Y lo que no gustó, afuera, también los incidentes entre gente de los diferentes equipos. Adentro, peleas entre plateístas, algunos insultos a jugadores, a periodistas contrarios y hasta agresiones a jugadores del otro equipo.

En el libro “Ser de River” se afirma que a la cancha uno no va a ver un partido, uno va a “ser de River”. Y este domingo se vio también como ser de River es sufrir, es pasar de ganar 7 a 1 a ir perdiendo con un jugador menos. Es que tu goleador erre un penal, pero es llenar un estadio esperando dar vuelta un partido hasta el final, como en los viejos tiempos. Cambia, todo cambia, a esperar a que cambie la historia, y capítulo tras capítulo esta pesadilla quede en el recuerdo, para despertar jugando por ejemplo una copa internacional. Cambia, todo cambia, pero lo que no cambia es que cada fin de semana, el hincha va a estar ahí, sentado en una platea en cualquier cancha, parado en una popular. Cambia todo cambia, pero el hincha sigue siendo de River, con la ilusión que se demora, pero no se rinde…

Por Luciana Flesler