Esta banda no te deja de alentar

La hinchada fue una de las protagonistas de la tarde en la vuelta al Monumental. Se levantó cuando el partido parecía un 0 a 0 clavado y no paróde cantar. A partir de ahí, llegaron los goles. Un estadio lleno que hasta pidió por Aguirre en los cambios y el DT les hizo caso.

Siempre se vuelve a casa. Mientras alguien se casaba en la iglesia a unos pocos metros del estadio, mientras otros disfrutaban del día a pleno sol o se iban de la ciudad por el fin de semana largo, los hinchas fieles llegaban a llenar el Antonio Vespucio Liberti. La peregrinación del día más lindo de la semana, la espera que llegaba a su fin.  Ya no entraba ni un alfiler en las tribunas ni en las plateas. “El que no salta es un inglés”, fue una de las canciones preferidas de los hinchas, con una nueva bandera por las Malvinas de fondo, y un homenaje a los caídos en la guerra. Un minuto de silencio, y comenzaba de nuevo la historia.

“Yo soy de River porque el mundo me hizo así”, gritaba la hinchada al comienzo del partido.  Los más aplaudidos en el anuncio de las formaciones fueron Fernando Cavenaghi, el Chori Dominguez, David Trezeguet y Martín Aguirre. Todo el primer tiempo la gente estuvo molesta y disconforme con el equipo, que era el único dueño de la pelota pero no generaba situaciones de peligro en el arco. Pero al final de la primera etapa la gente se dio cuenta que tenía que ser una de las protagonistas y el partido tenía que cambiar, ya no se podía empatar. El equipo se fue al entretiempo con el aliento del “para ser campeón hoy hay que ganar”.

La segunda etapa fue de la hinchada. Apoyo al Keko Villalba cuando entró, y pidió por Aguirre, hasta que el pelado finalmente lo puso. En un 0 a 0 que parecía lo mismo de siempre, el equipo había comenzado a jugar mejor pero no podía abrir el marcador, entonces la gente se levantó y no paró de cantar hasta el final, “ponga huevo que ganamos”.  El festejo de los goles fueron un desahogo, una paciencia que se acababa y una preocupación insoportable. El segundo gol del “Rey David” termino de encender la fiesta en las tribunas, la gente se miraba maravillada de lo que había ocurrido, asombrada por el golazo que pudo ver.

Un festejo inevitable, sabiendo que queda mucho que sufrir. Al final el “yo te quiero jugando bien o jugando mal” y el “soy de River”, apoyando al equipo.  Siguen las discusiones, festejar o no el campeonato, seguir con el aguante vs. el paladar negro, el mal estado del campo de juego, la gente que ya no puede llegar sobre la hora porque se queda sin lugar, las quejas porque no alcanzan las entradas de visitante, el equipo que necesita sumar de a tres y cuesta más de lo esperado. Pero lo que no cambia es la pasión, la hinchada que no deja de alentar, y la ilusión que es la misma de todos, en todo el país y en todo momento, como hace 111 años, y nunca va a cambiar: el salir campeón.

Por Luciana Flesler 

Imagen: Nicolás Aboaf / Pasión Monumental