A 15 años de un grito sagrado

El 23 de marzo de 1997, River remontó un superclásico inolvidable en el Monumental. El Millo lo perdía 3-0 y el resultado parecía definitivo. Sin embargo, un gol de Sergio Ángel Berti en el primer tiempo, sería el comienzo de un revés histórico.

Es muy común en el lenguaje del fútbol argentino escuchar que ”los empates no deben festejarse” y otros, tal vez un poco más exigentes, le agregan ”y mucho menos, si es de local”. Pero aquella tarde, el equipo dirigido por Ramón Díaz le daría un vuelco total a todo estereotipo deportivo.

River arrancó muy mal. En pocos minutos, caía de rodillas ante su gente con dos goles del delantero uruguayo Sergio Martínez, y un gol de un futbolista que hacía pocos meses, había vestido la camiseta de River y se había consagrado campeón nada menos que de la Copa Libertadores de América, Gabriel Cedrés.

Cuando Boca ya estaba dos goles arriba, Roberto Bonano le contuvo un penal a Martínez, evitando lo que hubiera sido, de manera muy temprana, un resultado irreversible, si es que existen.

Un gol de Sergio Berti reavivó las esperanzas deportivas de un River que parecía abatido, a pocos minutos de finalizar el primer tiempo, el gol se gritó muy fríamente. El estallido que desembocó en esperanza, fue el gol marcado por Luis Daniel Villaba, que definió mano a mano ante la rápida salida de Sandro Guzmán. Néstor Fabbri hizo todo lo posible por evitar el gol corriendo hasta la línea, pero no lo consiguió.

A escasos minutos para que termine el partido, luego de un tiro de esquina para River, que patea Berti, Celso Rafael Ayala gana en lo más alto y coloca ante la salida en falso de Guzmán y logra lo que hasta hacía momentos, era imposible, colocar un empate histórico.

Incluso, pocos minutos después, Leonel Gancedo y Enzo Francescoli desperdiciaron dos chances claras para ganar el partido. Igualmente, a esa altura, lo que más importó fue lo que se vivió, el grito sagrado del paraguayo Celso Ayala.

Por Roberto Blanco