El trato al socio, en descenso directo

Culmina una jornada más plagada de quejas y justos reclamos por parte del socio de River. ¿A qué nos referimos? Al periplo que aquellos que abonan su cuota debieron atravesar para conseguir una entrada, un simple ticket, que por el solo hecho de tener un carnet les corresponde por derecho.

El club una vez más transformó una situación sencilla en compleja y, a consecuencia de los recitales de Roger Waters, tuvo que cambiar el estadio y mudarse a Vélez Sarsfield. Y aunque la planilla exponga que River es local, unas 30.000 personas se quedarán con las ganas de ver al Millonario frente a Deportivo Merlo.

Los 24.000 afortunados que consiguieron realizar su reserva mediante el pésimo sistema informático denominado LivePass, se encontraron en el Monumental con otro desagradable obstáculo: colas de más de dos cuadras y demoras de más de tres horas para poder acceder a su entrada.

Las autoridades de River deberán considerar que si bien es importante generar dividendos en beneficio del club, de igual o aún de mayor importancia lo es el socio, que aporta en lo económico y en lo emocional.

Un socio es para siempre, y así lo demuestra el socio de River, que aun ante el descenso y el abatimiento, saca cada día la fuerza para soportarlo sobre sus pequeños hombros. Un club sin socios carecería de sentido. Un socio sin el amparo de su club es un socio maltratado y huérfano.

Por Sebastián Anselmi

Imagen: Pasión Monumental