Desahogo, festejo y esperanza

La segunda parte del campeonato comenzó a pura emoción.  Luego de varias idas y vueltas, River se enfrentó a Chacarita en La Plata, con las tribunas llenas, como ya es costumbre.  Con Instituto de Córdoba y Rosario Central punteros, la gente ya lo sentía: “esta tarde cueste lo que cueste…”.

Domingo, dos de la tarde. Una nueva caravana partió del Monumental hacia el Estadio Ciudad de La Plata, esperando el tan ansiado triunfo, en medio de un clima muy tenso por la exigencia de no dejar escapar más puntos.  La  bienvenida a la parcialidad riverplatense se tiñó de  afiches provocadores y pintadas en la autopista, anticipando la tarde que iba a venir. Los que llegaron sobre la hora tuvieron algunos problemas para entrar, con empujones, avalanchas y un operativo policial muy estricto. La tensión estaba en el aire.

El equipo salió a la cancha homenajeando al Flaco Spinetta, quien además de ser un hito en el rock nacional fue un gran hincha de River, y así también lo recordó la voz del estadio. Los  jugadores lucieron un brazalete negro recordando a Carlos Stella, otra persona muy querida en el club, ya que trabajaba con la Cuarta y Quinta División en las Divisiones Inferiores.

Uno de los más aplaudidos de la tarde fue Lucas Ocampos, por su importante actuación y por convertir un verdadero golazo, algo que el hincha del Millo extrañaba. En el momento de los cambios, también fueron muy bien recibidos Martín Aguirre y David Trezeguet.

La hinchada fue una verdadera fiesta en todo el partido, no paró de cantar, pero sobre todo  sintió un desahogo, un festejo por una victoria, nada más y nada menos que por dos goles, algo que desde Puerto Madryn no se había vuelto a dar. Es que ya la gente se estaba empezando a desacostumbrar a los buenos resultados, y se estaba habituando a sufrir los partidos hasta el final.

El segundo gol compensó el primero, que fue en contra. ¿Lo grito no lo grito? se preguntaban muchos. Pero con el remate de Ocampos, ahí sí que no hubo dudas. Algo así necesitaban el equipo y las tribunas  para volver a creer, para volver a hacerse fuertes, para ganar tres puntos claves, y para volver a casa, al Monumental, de la mejor manera posible.

El hincha, que estaba acostumbrado al sufrimiento, a atragantarse con las jugadas, a los resultados que no se daban, quizás quiera empezar a acostumbrarse al buen juego, y a ganar. A tener paciencia, algo que Matías Almeyda dijo en la conferencia de prensa, que costaba mucho en estos tiempos. A que la suerte por fin se ponga del lado millonario.

Camisetas arriba, y de nuevo, el hincha, presente, ese que sufre y que pasa por mil estados de ánimo, al que no le queda otra que recorrer  este camino que todavía es muy, demasiado largo. El hincha hoy pudo festejar un triunfo, y sobre todo, pudo irse a su casa con la esperanza de que el River que todos tenemos adentro, salga de una vez, reviva y vuelva para quedarse.

Por Luciana Flesler