La misma historia de siempre

(MENDOZA – ENVIADO ESPECIAL) River se descuidó una sola vez en la noche y lo pagó demasiado caro, más allá de que no supo encontrar los espacios suficientes para llegar a la igualdad frente a Boca, que obtuvo la diferencia gracias a un cabezazo de Pablo Mouche, a los 28 minutos del primer tiempo.

Jugando bien o jugando mal. Con un arbitraje tendencioso o sin necesidad de él. Generando situaciones de gol o sin siquiera aprovechar las que despilfarran en la otra vereda. La historia es la misma de siempre. O casi. Porque el conjunto de Núñez no fue inferior al rival de toda la vida, pero se fue con las manos vacías y, a pesar de que manejó la pelota en el segundo tiempo, no estuvo cerca de conseguir el empate en los instantes finales.

Luego de que Boca se mostrara mejor en el inicio del encuentro, River equilibró el trámite en el campo de juego. Sin embargo, la buena voluntad de Carlos Sánchez no hallaba un desahogo suficiente para que los avances fueran con mayor protagonismo y decisión. La lesión de David Trezeguet fue un presagio malo, no sólo por su facilidad para descargar de primera, sino también porque el ingresó de Gabriel Funes Mori generaba una expectativa nula y la sensación de que no festejaría en caso de tener una chance.

Y a los 28 minutos de la etapa inicial llegó la única puñalada en Mendoza. Pablo Ledesma llegó hasta el fondo con lo justo y el centro terminó con el frentazo de Mouche, sin marca alguna en el corazón del área. Daniel Vega no tuvo nada que hacer y el Millonario reanudó el juego en el círculo central. Antes de aquella jugada, el equipo que dirige Julio César Falcioni había avisado en el comienzo con un cabezazo desviado de Enzo Ruiz y un derechazo de Nicolás Blandi, desde afuera.

Lo cierto es que River tuvo más iniciativa que ideas y determinación. Sánchez pifió un tiro cruzado, mientras que César González apostó desde lejos, aunque sin socios. La más concreta estuvo en el botín derecho de Fernando Cavenaghi, quien no tuvo puntería en el área chica: centro del volante uruguayo y remate unos centímetros arriba del travesaño. De esa manera, La Banda se fue en desventaja al descanso, con la misión de ser un equipo más corto, debido a que no sabía cómo utilizar la pelota y las líneas para atacar en bloque.

Más allá de que se notó la ausencia de Alejandro Domínguez, quedó en claro que la dupla entre Leonardo Ponzio y Ezequiel Cirigliano fue demasiado generosa para lo que demandaba un Boca acostumbrado a marcar la diferencia y replegarse. Es que no tuvo problemas en cederle el balón y el terreno a River, apelando a las faltas tácticas (19 infracciones en total) para cortar los circuitos cuando la precisión en velocidad podía ser una amenaza para Sebastián Sosa.

Jonatan Maidana no logró darle dirección a sus cabezazos en el área rival, asi como tampoco pudieron hacerlo el Maestrico y el Torito en dos tiros libres muy cercanos al arco. El propio delantero contó con una mediavuelta de zurda, pero el arquero rival estaba bien parado y contuvo la pelota sin problemas. La última acción de riesgo fue un violento remate del ingresado de Andrés Ríos, exigiendo a Sosa. La inclusión de Martín Aguirre no cambió el trámite y, en consecuencia, un Boca sólido y oportuno se impuso por la mínima diferencia, sin hacer demasiado. Sí, la historia de siempre…

 Por Germán Balcarce

Imagen: Olé