Errores que cuestan caro y duelen

(RESISTENCIA – ENVIADO ESPECIAL) River había tenido un buen inicio, pero falló una situación concreta, cometió un error en la salida, se encontró en desventaja y prácticamente sentenció la caída cuando Alejandro Domínguez fue expulsado. Tuvo una chance más en el momento que fue echado Facundo Roncaglia, aunque el segundo gol de Boca definió la noche.

¿Por qué Gabriel Funes Mori estuvo desde el inicio y David Trezeguet quedó relegado? Si Juan Manuel Díaz garantiza mayor regularidad en defensa, ¿qué razón había para que jugara Carlos Arano? Los dos titulares colaboraron para que el asunto se simplificara en la otra vereda. El delantero desperdició un mano a mano cuando apenas iban tres minutos, mientras que el lateral izquierdo regaló un lateral, no fue veloz para el retroceso y, en consecuencia, Pablo Mouche -levemente adelantado- le dejó servido en bandeja el gol a Nicolás Blandi.

Fue un golpe duro. Sin embargo, quedaba mucho por delante y el comienzo viraz daba la esperanza de revertir la historia. Con Fernando Cavenaghi y Carlos Sánchez enchufados, Alejandro Dompinguez se puso el equipo al hombro y recibió varias infracciones. Enojado por la búsqueda permanente de los rivales, derribó a Pablo Ledesma, vio la amarilla, protestó con vehemencia y, tras una serie de cruces verbales, el árbitro Diego Abal decidió echarlo, a los 25 minutos de la etapa inicial.

A partir de ahí, el conjunto de Núñez quedó demasiado herido. Pasó del 4-3-1-2 inicial a un 4-3-2 obligado. De todas formas, no sufrió inquietudes e hizo un papel digno durante el tiempo restante hasta el descanso. Matías Almeyda tomó la determinación de ir a todo o nada en el complemento. Afuera, Leonardo Ponzio y Arano; adentro, César González y David Trezeguet. Pero las respuestas futbolísticas jamás llegaron de manera suficiente. Sánchez fue inteligente e hizo que Roncaglia se marchara al vestuario por doble amonestación.

¿El dibujo? Un 3-3-3. No alcanzó. Boca aprovechó los espacios y en uno de los tantos contraataques cerró la noche. Otra vez Blandi, aunque en este caso gracias a un desborde de Nicolás Colazo. Ahí se terminó el asunto. River pagó demasiado caro la elección errónea de sus intérpretes y la definición sin puntería. Dolió, y mucho.

Por Germán Balcarce

Imagen: Olé