Resistencia, en las buenas y en las malas

(RESISTENCIA – ENVIADO ESPECIAL) Con bombos, banderas y camisetas de diversos modelos, más de 500 personas le dieron una cálida bienvenida a River en la puerta del hotel Atrium, ubicado sobre la avenida Hernandarias, donde el lugar es exclusivo para la delegación. Todavía hay mucha gente en la zona.

Los relojes marcaban las 17.46 cuando el coche número 5948 de Chevallier llegó acompañado por varios patrulleros y algunos automóviles en caravana. En ese momento, se produjo el momento de mayor euforial, al grito de “soooy de River, soooy de River, mientras David Trezeguet registraba los sucesos con su celular. Lejos del glamour de Monte Carlo y el lujo árabe, el delantero franco-argentino quedó asombrado por semejante manifestación  amor incondicional.

Matías Almeyda encabezó la fila e inmediatamente llegó una catarata de ovaciones, tanto para él como para los grandes ídolos: Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez. En apenas dos minutos, todos abandonaron el ómnibus y se reunieron en la recepción del alojamiento, al mismo tiempo que Hernandarias era una réplica de una cabecera, obviamente vestida de rojo y blanco, con vallados prolijamente ubicados y bajo un estricto cordón policial. Las cámaras de fotos y filmadoras se multiplicaron y el delirio fue absoluto.

La espera había comenzado mucho antes de las 17, mientras algunas versiones indicaban que el vuelo se había demorado en el Aerparque Jorge Newbery. El premio fue para aquellos que decidieron apostarse desde temprano en las inmediaciones del hotel, cuyas inmediaciones permanecen rodeadas por los hinchas millonarios, quienes aguardan la salida de los jugadores para aunque sea solicitarles un autógrafo. “River, querido el Chaco está contigo”, fue el mensaje más significativo, a tan sólo un día. Resistencia, en las buenas y en las malas.

Por Germán Balcarce

Imagen: Pasión Monumental