Sin fronteras

Estuvimos muchas horas arriba del auto y todavía no habíamos llegado a Chile. Pasando el mediodía del domingo todavía no habíamos cruzado la frontera y paramos a almorzar. Era un lugarcito típico de pueblo: todo en madera, la radio local prendida y mozos amigables. El dueño era hincha de River. Lo sé porque yo tenía puesto el buzo con el escudo y se acercó a hablarme.

Me encanta conocer nuevos hinchas del millo. Salir a la calle y que el chofer del colectivo me halague la camiseta o que el dueño de un bolichito me cuente sobre su pasión, sobre todo cuando estoy lejos de casa. Estar lejos de casa me hace extrañar cosas insólitas. Mientras íbamos en el auto puse un par de tangos que tenía en la computadora para sentirme más cerca. No es insólito que extrañe a River pero es lindo encontrarse con gente que comparte lo que sentís.

Uno sale a la calle y seguro se encuentra con hinchas de River. Siempre hay algún valiente en el barrio que se pone la casaca y sale a comprar un par de cervezas para tomar con los amigos en la esquina. Si te subís al 130 en cualquier parte de su recorrido, algún hincha de River vas a ver. Al riverplatense le gusta identificarse porque cuando se encuentra con otro hay un momento de comunión. Nos sentimos bien cuando vestimos los colores de la Banda, entonces nos calzamos cualquier pilcha con el escudo y salimos a la vida. Si pudiéramos ir a trabajar con la camiseta, también lo haríamos.

Cuando estuve lejos de casa me di cuenta de lo importante que es eso: la comunión con otros hinchas, sentirse acompañado, darse cuenta de que uno no está solo en este sentimiento. Muchas veces siento que estoy sola porque creo que lo que me pasa es una exageración pero después estoy casi del otro lado de la cordillera y viene un hincha de River a demostrarme lo contrario. River es sorpresa constante y emoción. Podés estar lejos de casa o no ir hace mucho al club pero si hay un hincha de River cerca tuyo, es como no haberse ido nunca.

Yo veo un escudo de River por la calle y sonrío. Cuando veo un nene de cuatro o cinco años vestido de pies a cabeza con los colores de la Banda, me lleno de esperanza porque veo en ellos un futuro lleno de pasión. Yo vi poco del River campeón y ganador porque era muy chica pero ellos nunca vieron al Enzo levantar la Supercopa o a Orteguita gritar un gol y, sin entender nada, aman su camiseta con todo el corazón.

River no entiende de fronteras, ni de edades. River no entiende de barrios, ni de nacionalidades. El hincha de River recorre el mundo llevando lo mejor de la Banda como quien te cuenta su religión. River es religión y por eso es tanto amor. No importa dónde estemos pero a veces sí importa con quién. Cuando finalmente llegamos a la casa que alquilamos en Chile, nuestro vecino tenía la camiseta de River; yo seguía con el buzo puesto. Nos miramos cómplices y nos reímos. Puedo estar lejos de casa pero mi corazón no se va de Udaondo y Alcorta.

Por Victoria Peralta Wagner