Un 2012 con mentalidad ganadora

Acaba de empezar un año distinto para River. Por primera vez desde que se instauró el profesionalismo del fútbol argentino en 1931, no iniciará un calendario en Primera División. Por eso millones de hinchas brindaron con un pedido muy especial para que poco a poco se recupere la grandeza perdida, aunque será determinante que todos se involucren de alguna forma, desde los responsables de marcar un gol hasta aquellos que alientan desde la tribuna.

Se tocó fondo, no hay mucho más para perder. Lo peor ocurrió el domingo 26 de junio de 2011 y parece imposible que semejante dolor se pueda repetir de ahí a la eternidad para un hincha millonario. Cada uno tiene su manera de asimilar los golpes, pero está claro que el descenso equivalió a una muerte futbolística. Fue lo más triste que podía suceder, con el agregado de algunos efectos colaterales a principios de diciembre, como si jugar los sábados no fuera suficiente castigo del destino o lo que sea.

Sin embargo, siempre hay una enseñanza para rescatar. La marca quedará impregnada eternamente y quizás lleve años cicatrizarla. Pero la vida y el deporte más popular del planeta continúan. River tiene la misión -y obligación- de volver a la elite dentro de pocos meses. No sólo deberá hacerlo con goles y victorias, sino también con dos premisas ineludibles como la humildad y la mentalidad ganadora, ausentes durante el proceso que desencadenó en el descenso que muchos creían imposible.

La mentalidad ganadora es necesaria para cualquier ámbito, sobre todo en una competencia tan impredecible como el fútbol. Se puede ganar un partido de cualquier manera: con una pelota parada, gracias a un gol en contra, un remate desde mitad de cancha, un penal mal sancionado y muchas más. Pero no se puede prescindir de la actitud y de la convicción, cualidades fundamentales para que los rivales lograran equiparar a River en un campo de juego.

Y el equipo de Núñez necesita la suma de humildad y mentalidad ganadora. No se trata de este modelo 2011/12 de River, cuyos cimientos son nobles y destacados, basándose en la capacidad para comprender las fortalezas propias, aunque sin olvidar los lados vulnerables y sabiendo que la entrega y el sacrificio deben ir de la mano. Si semejante cóctel se hubiera aplicado en las tres temporadas anteriores, este texto jamás habría existido.

River está por el buen camino. Es cierto que debe pulir varios detalles y encontrar una regularidad, pero demostró características interesantes con un funcionamiento que todavía no tocó su techo. Sabe lo que quiere y entiende el juego de la B Nacional. Recuperó la mentalidad ganadora, seguramente porque comprendió que ya no existe nada para temer. Lo peor ya sucedió, ahora hay mucho más para ganar que para perder. Es una idea tan simple como alentadora para los que logren aplicarla.

Pero no depende exclusivamente de los protagonistas y el cuerpo técnico. También debe haber un baño de realidad y concientización de la dirigencia e incluso de los hinchas. Los 33 títulos locales y los cinco internacionales representan mucho más que cantar durante los 90 minutos. Jamás debería haber existido como hit principal una melodía tan contradictoria como “no importan esos malos resultados, porque a River yo lo quiero de verdad”.

El 2012 fue señalado por las profecías mayas como el año del “fin del mundo”, aunque los fanáticos del Millo ya experimentaron esa sensación el 26 de junio y ahora sienten un espíritu de lucha completamente renovado, listo para salir adelante, como lo demanda una historia vencedora.

Por Germán Balcarce