Por este amor

Con el Monumental completamente habilitado, la hinchada dijo presente en el último partido del año y pudo festejar el tan esperado triunfo.

“Ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad / Acá no hay banderas negras y la hinchada no se va”. Así comenzaba el último recibimiento del 2011 al equipo en el estadio. A la luz de la luna llena, empezaba el partido y con él las ganas de gritar ese ansiado gol que tanto había costado este año de local. La previa se hizo sentir con una llovizna muy leve y la gente cantando en el anillo, como siempre sucede antes de que sea la hora del partido. Muchos llegaron desde otras provincias y otros acompañados por sus familias para ver el cierre de esta etapa.

Cuando la voz del estadio nombró la formación millonaria, los nombres más aplaudidos fueron Alejandro Domínguez y el clásico “Cavegol”. También se respaldó a Leandro Chichizola, Carlos Sánchez, Martín Aguirre, Lucas Ocampos y, obviamente, al técnico Matías Almeyda. “River, mi buen amigo, esta campaña volveremos a estar contigo…”. Al compás de esas estrofas, los once salieron al campo de juego. La presión de sumar los tres puntos de local -y con Instituto ganando- se hacía sentir: “Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar…”.

El partido en las tribunas se sufrió más de lo esperado. En un primer tiempo lleno de situaciones de gol, pero sin poder convertir y con un rival muy débil, se aguardaba una definición mucho más rápida. “Esta tarde cueste lo que cueste” y el “movete, River, movete”, demostraban el pedido de la gente que ya era protagonista.  Luego, en el entretiempo, la hinchada se levantó como nunca y siguió alentando, acompañada de bengalas y mucho color. No sólo en la popular, sino también las plateas se animaron al “llega el domingo voy a ver al campeón / River, vos sos mi locura”. Y sí, haciéndole honor a la letra, la tribuna los 90 minutos no paró de alentar.

Comenzado el complemento, los hinchas volvían a levantarse en las oportunidades que el millonario desperdiciaba en el arco rival. El “ponga huevo que ganamos” anunció lo que venía. Por fin en Nuñez se gritaba el gol que tanto había sido esperado. Un desahogo, la calma que el equipo necesitaba para tomarse unas vacaciones y volver con confianza a la segunda mitad del torneo, el año que viene.

El final fue sufrido, como siempre, y a la gente no le gustó ninguno de los cambios del Pelado ni el arbitraje de Juan Pablo Pompei, silbado desde un principio. En  el cierre del partido, el hincha demostró su apoyo con las remeras en una mano al ritmo de “yo te quiero, jugando bien o jugando mal” y “les demostramos lo que es River en las malas”.

Mientras tanto, el duelo de hinchas por el paladar negro versus el “no me importan esos malos resultados” sigue en pie. De todas maneras, para los jugadores y para el plantel fue importante sentir el respaldo de los hinchas, y sobre todo, la paciencia que quiere ser recompensada en un poco más de seis meses, de la gente que dice presente más que nunca en el momento más duro de la historia deLa Banda.

El país se encontró revolucionado por lo que generó River. No alcanzaron las tribunas, las entradas, ni hubo límite para una pasión que no encuentra explicación. Si así fue el año para los millonarios, seguramente nadie se va a querer perder el momento que todos están imaginando: empieza la cuenta regresiva para devolver a River al lugar del que nunca se tendría que haber ido. Por su parte, la hinchada ya demostró que está a la altura de los colores.

Por Luciana Flesler 

Imagen: Wally / Pasión Monumental