River copó Corrientes y sigue demostrando su grandeza

(CORRIENTES – ENVIADA ESPECIAL) El amor por los colores es incondicional en cualquier parte del país, pero es tanto que a veces duele. Una pesadilla de la que todos quieren despertar en un poco más de seis meses. Otro capítulo de la historia, esta vez en el Litoral, con la gente que fue de manera masiva a la cancha, esperó durante 15 horas para sacar una entrada e hizo fila con casi 40 grados para entrar al estadio, soportando maltratos por parte de la policía. 

Los fanáticos llegaron desde distintos puntos, pero unidos por una misma pasión.  Cuando terminó el partido, se retiraron con cantos puntuales hacia la dirigencia -incluso para el presidente- y a favor del club con el “soy de River, yo soy”.

Este capítulo empezó el jueves, cuando más de tres mil almas fueron a recibir al plantel al aeropuerto de Resistencia y los acompañaron hasta el hotel. Muchos los siguieron a los entrenamientos, y estuvieron expectantes a todos los movimientos, con tal de conocer a sus ídolos, pero de esta manera tan impensada.

El viernes, se inauguró la filial Corrientes en honor al Cavegol. Augusto, uno de sus integrantes, llegó con los demás miembros a la cancha y, entusiasmado, manifestó su felicidad: “Almeyda se portó de diez. Le demostró a la gente todo su cariño. Salió a firmar camisetas con todos los jugadores”. Y agregó: “En la filial somos 150 inscriptos. Muchos estuvieron esperando este momento toda su vida. Otros, vamos a Buenos Aires siempre. Nos vino a acompañar gente de Resistencia, Formosa, Posadas y Paraguay. River es un sentimiento inexplicable, único.”

Sebastián, un simpatizante correntino, fue por primera vez a la cancha. “Todo el país es de River. Dejé todo para venir acá, espero que el equipo haga lo mismo, que ponga la vida por los colores”, demostró su alegría.

Testimonios como estos representan a muchos otros. “Somos locales otra vez”, “para ser campeón hoy hay que ganar”, “vamos campeón, no falles a tu hinchada”, algunos de los cantos que se escucharon. En el partido, fueron muchas opiniones encontradas, todavía en caliente, quizás en la peor cancha en la que le tocó jugar al equipo.

Es el fin de otro capítulo de esta larga historia, llena de sentimientos, donde el hincha se retiró pidiendo que dejen la vida por los colores, como lo hacen ellos en cada partido. No sólo quiere alentar por la camiseta, sino por un equipo que vuelva a ser el mismo del que se enamoró incondicionalmente. Espera una respuesta a tanto amor, a tanto sufrimiento. Si pudiera, se pondría esa casaca y saldría a la cancha a ganar el partido. Va a seguir haciendo su parte, anhela que este camino tan largo llegue a su final, tal como lo imagina todos los días desde hace casi seis meses…

Por Luciana Flesler

Imagen: Wally