Los sueños en blanco y rojo de un padre Monumental

¿Puede un hombre cumplir sus sueños de hacer grande al club de sus amores? Hace 33 años, un tal Antonio Vespucio Liberti, “el gordo”, nos abandonaba luego de cumplir sus fantasías más profundas: nos hacía entender que el amor a la camiseta no era una frase bonita, que el club más grande de la Argentina tenía que tener a los mejores jugadores, que la camiseta de River iba ser sólo para el que se la merecía, que el estadio debía ser Monumental. 

Nacido en 1902, fue hijo de genoveses. Empezó llevándoles la valija a los jugadores, pero él sabía que su destino era otro. Calvo y gordo, de carácter fuerte y perseverante. Quizás por eso terminó siendo presidente entre 1933 y 1935, del 43 al 52 y del 60 al 67.

Uno de sus sueños cumplidos fue construir el glorioso Monumental. Lo logró en los terrenos del hoy Barrio River. A hombres como él, nada los detenía, no conocía lo imposible. Le decían que esos lugares se inundaban mucho, porque eran terrenos sobre el río, ¡estaba loco! Es así como este demente iba a terminar consiguiendo donaciones para construir la cancha, y hasta iba a convencer a reconocidos jugadores para tener sus propios espacios allí. Eso sí, nunca se iba a imaginar que diez años después de su muerte, iba a tener el mayor homenaje: su casa iba a llevar su nombre.

Su otro preciado anhelo fue hacer grande de verdad al club, a través de buenos jugadores. Gracias a él, tener un buen semillero, unas buenas inferiores, pasaron a ser prioridad. Buscar los mejores futbolistas en Europa, armar buenos equipos, y después venderlos a precios impensados para la época.

Le gustaba andar entre los socios, tanto en los palcos como en la popular. Visionario, carismático, siempre estuvo metido muy adentro de los lugares que llevaban los colores rojo y blanco, hasta en la manera de jugar al fútbol.

En la década del 30 impulsó ventas millonarias para la época, de jugadores como  Carlos Peucelle y de Bernabé Ferreyra. En 1964, sacudió el mercado futbolístico, cuando el club pagó la insólita suma record de 33 millones de pesos por el defensor uruguayo Roberto Matosas. Desde ese momento la banda iba a ser “millonaria”.

En los últimos años fue cónsul general en Génova. Por eso no podíamos dejar de rendirle un homenaje a alguien que vuelve para recordarnos, no casualmente en estos tiempos, que la grandeza también se construye, que los colores los deben vestir los que lo merecen, que el fútbol riverplatense debe ser el mejor, así como nuestro estadio, que desde el cielo él mira, el mejor de todos.

“Dios no me dio la posibilidad de tener hijos. Pero me dio otra chance: ese lugar para mi lo ocupa River.” Antonio Vespucio Liberti

Por Luciana Flesler