El día que un jugador de Boca se fue llorando del Monumental

Esta historia sucedió hace 24 años. Un capítulo más de “la experiencia deportiva más intensa del mundo”, según el diario británico The Sun. “Uno de los 50 espectáculos deportivos que hay que ver antes de morir”, para el periódico inglés El Observer. Algo tan intenso y emocionante que sólo lo entiende el que lo vive, el que lo sufre, el que lo llora. Fecha 15 del campeonato 87/88. El 22 de noviembre de 1987, luego de haber ganado la Copa Interamericana, River se enfrentaba a su clásico rival, Boca Juniors. Pero este partido no iba a ser uno más…

River, dirigido por Carlos Timoteo Griguol, formó de la siguiente manera: Nery Pumpido; Jorge Gordillo, Nelson Gutiérrez, Oscar Ruggeri y Pablo Erbín; Ernesto Corti (Claudio Morresi), Américo Gallego (Juan José Borrelli), Omar Palma y PedroTroglio; Antonio Alzamendi y Jorge Da Silva. El encuentro comenzó a pura emoción. Muy temprano llegó el hermoso grito de “¡penal para River!”. El Negro Palma asumió la responsabilidad de abrir el marcador. Tomó carrera y … ¡lo erró!  La pelota afuera y el corazón en la mano.

Claro que en el fútbol los goles que no se hacen se pagan muy caro. Porque más tarde, Jorge Rinaldi apareció para meter el 1-0. Y no se quedó conforme, porque al comenzar el segundo tiempo, marcó el 2-0 y la tarde se ponía cada vez más negra para los millonarios… Hasta que de pronto, después de tanta plegaria, se hizo la luz. Apareció la cabeza del “Pollo“ Da Silva y el arquero de Boca se quedó mirando como pasó la pelota, ésa que hizo que los hinchas locales calentaran por fin su garganta con el primer descuento.

Pero todavía faltaba mucho, demasiado. Porque unos minutos más tarde, apareció otro cabezo mágico, esta vez de “Carucha” Corti, que marcó el empate 2-2 para el Millonario. “Vamo’, campeón, vamo’ a ganar, que los bosteros ya no pueden más”. ¡La hinchada se levantó y todo podía pasar! Quedaban pocos minutos para el final del encuentro y Palma, después de una hermosa jugada, con taco incluido, se desquitó e hizo el tan glorioso, hermoso, preciado, soñad y, anhelado 3-2. River, una vez más, dio vuelta la historia.

¡La hora, réferi! Final del partido. Ultimos segundos. ¿Se acababa el sufrimiento? No, señores, una mano de Gordillo y penal para Boca. Jorge Comas, quien ya le había hecho varios goles a River y casi nunca le erraba, era el encargado de patear. Tomó carrera, llegó hasta los famosos 12 pasos y… ¡arriba del travesaño! Inmediatamente, el árbitro marcó el pitazo final. River 3- Boca 2. Entonces, en ese momento, Comas se arrodilló y se largó en llanto. Mientras tanto, como diría Angelito Labruna, el país menos algunos estaba de fiesta…

Por Luciana Flesler