Más, me das cada día más

(PUERTO MADRYN – ENVIADO ESPECIAL) Como si se tratara de la famosa canción de Valeria Lynch, la pasión por River quedó en evidencia de manera más contundente que ayer, debido a que unos 5.000 fanáticos colmaron algunas de las tribunas en la cancha de Deportivo Madryn para ver la practica.

Banderas, camisetas de diversas épocas, gorros, pantalones cortos y hasta un par de vasos. Todo sirve para dejar en claro cuáles son los colores que se llevan en la sangre. Y así se vio reflejado en el “Coliseo del Golfo”, tal como se conoce al estadio ubicado a tan sólo 200 metros del Océano Atlántico, casi en las afueras de Puerto Madryn.

Cuando el micro de River arribó a la zona, a las 18.15, un grupo nutrido de hinchas se arrimó a las ventanas para saludar cara a cara a sus ídolos, con Fernando Cavenaghi como principal exponente, en uno de los asientos de adelante y con la amabilidad que lo caracteriza para retribuir el saludo de la gente.

Y la pasión por River no sólo genera muestras de todo tipo, sino que también divide corazones, tal como le sucede a un hombre que decidió ponerse una casaca “mitad River, mitad Deportivo Madryn”. El ambiente familiar copó la escena y provocó que Matías Almeyda diera el visto bueno para que miles de fanáticos observaran el ensayo.

Las cámaras de fotos y los celulares fueron una constante, mientras la tierra y el viento causaban estragos detrás de la platea. ¿Postales destacadas dentro de la cancha? Banderas con los colores patrios y el escudo de River, una de Caleta Olivia y el millonario, hinchas colgados de los alambrados y pequeños desesperados por un autógrafo.

“La única manera de devolverles este apoyo es con resultados positivos”, aseguró el Pelado. No le faltan razones al técnico, porque el micro del Millo llegó escoltado por diez automóviles a la cancha de Madryn y recién se marchó de la misma manera, transitando por la costanera con bocinazos y saludos de los vecinos. River generó una revolución y sus hinchas cada día le dan un respaldo mayor en Puerto Madryn.

Por Germán Balcarce