Crónica del regreso a casa

Fueron casi tres meses de espera. Finalmente llegó el día. Domingo. Tarde de sol en el Monumental. Entradas agotadas. El partido está por comenzar. La gente sigue llegando. Las banderas de siempre. Muchos tienen bolsas de papeles de diarios para recibir al equipo. Las clásicas remeras. Otros estrenan la casaca edición aniversario. Más gente que vino desde lejos. La voz del estadio que por fin grita “¡atención!”.  Se vienen los aplausos porque se anuncia que Las Vikingas y dos divisiones de fútbol salieron campeones.

Cuando se nombran las formaciones de los equipos, los más coreados son el Chori Dominguez, el “Cavegol” y el Pelado Almeyda. El equipo ya está en la manga. El tan esperado “River mi buen amigo, esta campaña volveremos a estar contigo” se hace escuchar. Salen los jugadores al campo de juego con un recibimiento  de primera, como nos tiene acostumbrados la hinchada. Muchos sacan fotos. Otros filman ese momento, que por suerte va a quedar registrado y guardado para volverlo a ver.

Una vez comenzado el partido, vuelve a escucharse en Nuñez “que esta tarde cueste lo que cueste, esta tarde tenemos que ganar”. Los primeros minutos son todos de River. La gente comienza a levantarse porque hay varias situaciones de gol. Pero el grito se hace rogar. Y en el fútbol los partidos hay que jugarlos. Aunque de local, River históricamente fue más fuerte, los goles que no se hacen en un arco, se hacen en el otro. Los que habían venido desde Tucumán no lo pueden creer, están asistiendo a la primera victoria sobre el Millonario.

Los minutos siguen pasando. Unos pocos turistas ubicados en la Sívori Alta observan asombrados que la gente sigue cantando cuando el equipo ya va dos goles abajo en el marcador. Se escucha que muchos dicen “vamos, que lo damos vuelta”. ¿Cuánto va?,  pregunta otro. La tarde se va alejando, pero la gente no se quiere rendir: “Vamos millonario, ponga huevo, que ganamos” y “Vamos los millo, que tenemos que ganar, que esta hinchada no te deja de alentar”.  Pero siguen pasando los minutos y el resultado no cambia. Entonces llega el “movete, River, movete”, “esta hinchada está loca, hoy no podemos perder” y “vamos todos unidos, vamos no nos quedemos”.

En los últimos minutos, cuando ya el partido está definido, una pelea en la popular de algunos hinchas distrae la atención de algunos que se pierden las últimas posibilidades de que River vuelva a gritar un gol en el Monumental. En este campeonato -extraño e inesperado para casi todos- en el que se gana un partido por goleada en Jujuy, pero de local no se pueden obtener los tres puntos, la gente dice presente, más que nunca. Al final del encuentro las camisetas en la mano y el clásico “soy de River en las buenas y en las malas mucho más” es mucho más que una canción. Es la esperanza del hincha, que quiere ver a su equipo volver a la gloria.

Esta vez, curiosamente, el local se retira primero. Afuera, la gente sigue comprando remeras, banderas y gorros. Los micros de las filiales y de la hinchada se empiezan a retirar. No falta el que dice “yo no vengo más, soy yeta”. Y los chicos que se sacan fotos porque por fin conocieron el Monumental. Las calles van quedando vacías, hasta dentro de dos semanas, en las que 40.000 almas se van a volver a ver las caras, como siempre, más que nunca. Porque a pesar de todo, como dice la remera de una señora embarazada que vino con toda su familia, “yo vengo por la camiseta”.

Por Luciana Flesler

Imagen: Wally