Bernabé Ferreyra

Además de ser uno de los máximos ídolos de River Plate, fue uno de los que consiguió los primeros tres títulos con la banda. Estuvo 6 años formando parte del plantel y nunca se desvinculó de River. A pesar de ser el primer gran pase a nivel económico de la historia del fútbol profesional, nunca se la creyó, y siempre estuvo a disposición del millo.

Nacido en Rufino, en la provincia de Santa Fé, el 12 de Febrero de 1909, empezó a jugar al fútbol en esa ciudad, más precisamente en el club Jorge Newbery, junto a sus hermanos.  El mayor de ellos, Paulino, supo enseguida que Bernabé tenía algo especial, o distinto, por lo que, según cuentan, siempre lo incentivó. Inclusive se comenta que fue él quien lo obligaba a patear descalzo todo el tiempo, para practicar.

A los 15 años llegó a la primera del Club, pero al poco tiempo, se ve obligado a mudarse a Junín ya que Paulino consigue un trabajo mejor en esa ciudad. De este modo, Bernabé adquiere un empleo de pintor en los talleres del ferrocarril, mientras intentaba continuar su carrera en el Club Buenos Aires Al Pacífico. Gracias a su incorporación en éste último, después de 13 años, el equipo se queda con la Liga Juninense, y Ferreyra, con un don innato, se consagra como goleador.

En el año 1927, a los 18 años, consigue ser parte del plantel de Talleres de Escalada, pero allí no tuvo éxito ya que no hizo una buena temporada y los dirigentes no le vieron futuro, razón por la cual tuvo que regresar a Junín, dónde se quedó hasta el año ’29.

Un buscador de talentos, Alberto Monge, lo destacó en ese plantel y se lo llevó a Tigre. Él no quería viajar, quizás porque sabía que no iba a ser fácil la estadía en otro lugar, alejado de su familia, pero Paulino volvió a tomar protagonismo y lo convenció para que acepte. En su primer partido contra El Porvenir, Bernabé demostró que tenía más futuro del que algunos creían y convirtió 4 goles.

En 1930, Tigre lo prestó a Huracán, gratuitamente, donde en ocho partidos convirtió once goles. Luego, paso a préstamo a Vélez, que lo pidió especialmente ya que tenía que presentarse en una gira por toda América y necesitaba refuerzos. Con el equipo de Liniers se jugaron 25 partidos: Ganaron 20, empataron 4 y perdieron sólo una vez. Bernabé volvió a destacarse y a mostrar su instinto goleador: metió 33 goles.

En 1931 regresó a Tigre y se le abrió el arco como nunca, ya que en 13 partidos convirtió 19 tantos, dejando a todos los hinchas del fútbol atónitos. Finalmente, su paso por River se dio gracias a Antonio Liberti, presidente de la Subcomisión de Fútbol del club de Núñez, que fue a verlo jugar para comprobar personalmente el nivel que tenía el goleador. En 1932, la banda pagó una suma exorbitante para esa época – $35.000 – para que pudiera incorporarse en el equipo, ganándose así el apodo de millonarios. En el primer partido disputado con la banda roja logró el apodo de “fiera”, luego de que Hugo Marini, un periodista del diario “Crítica”, así lo denominara en la crónica que hizo de ese encuentro contra Chacarita, que terminó 3-1 a favor del millo.

No casualmente, ya que tenía un plantel muy importante, River ganó esa temporada su primer título en la era profesional. La cancha, que en ese momento se encontraba ubicada en Tagle y Alvear, explotó durante todo el campeonato debido al “romperredes” Ferreyra, que nuevamente se consagró como goleador.

Tímido pero generoso como pocos, él fue el que le sugirió a Liberti que tenga en cuenta para la primera división a jugadores como José M. Moreno y Adolfo Pedernera. “Juegan mejor que nosotros”, le especificó el jugador oriundo de Santa Fé.

En 1936 y 1937 le dio el bicampeonato a River Plate, y el 28 de Mayo de 1939 jugó su último partido ante Newell’s, oficializando su retiro debido a reiterados desgarros que venía sufriendo hacía tiempo. Sin embargo, continuó trabajando en el club como cuidador de la cancha de paleta, hasta que el 22 de mayo de 1972, a los 63 años, falleció por culpa del reuma y del cigarrillo.

Así fue que Bernabé Ferreyra marcó un antes y un después en la historia de River Plate y, por qué no, del fútbol argentino. Un grande que quedará para siempre en los corazones de cada fanático.

Por Julieta Lett