¿Y si hay un baño de transparencia?

La historia se repite cada vez que River juega en condición de visitante y la venta de entradas se desarrolla mediante Internet. El sitio encargado de realizar el expendio es circunstancial o con un período temporal, pero el mecanismo continúa fallando como si se tratara de lo mismo, a pesar de todas las experiencias previas y de la importante cuota de fastidio que manifiestan los socios.

Hay que partir de la base de que no debe ser para nada sencillo tener un soporte que logre absorber miles y miles de direcciones IP al mismo tiempo. Sería injusto no mencionarlo como introducción y para poner en contexto el asunto, pero también existe una realidad que obliga a que el método empleado evolucione con el transcurso del tiempo, algo que no sucedió desde que se implementó la venta de entradas en la web.

En los países con nivel de vida más elevado -la triste verdad-, el sistema online es exitoso y evita demoras innecesarias para realizar una fila en ventanilla. Sin embargo, al usuario se le transmite una sensación de compromiso y transparencia para que todo funcione como corresponde, marcando un contraste absoluto con lo que sucede cada vez que en Núñez se apela al expendio online, provocando una lotería en horarios similares al de la Quiniela Nacional…

Los socios nunca pierden la oportunidad para quejarse cuando aparece la famosa advertencia de que está colapsado el sitio en cuestión. Y lo más grave es que a través de las redes sociales siempre aparecen aquéllos que cuentan su experiencia ganadora minutos antes de que se cumpliera el horario establecido. ¿Cómo puede ser que el mamarracho se repita siempre? ¿Por qué ningún directivo explica el funcionamiento?

Pero en la Argentina, lamentablemente, la ley y la trampa conviven de manera brillante en diversos ámbitos. ¿No sería más transparente que la venta de tickets para socios se lleve a cabo en la zona de ventanillas, con una previa entrega de números hasta alcanzar la cifra de entradas disponibles? ¿Acaso no sería transparente y sano para todos? O, de ser necesario, establecer un ranking de socios que premie al que va a todas partes.

Por supuesto que de ninguna manera alguien que es socio tiene una pasión superior al que no lo es, pero dadas las circunstancias -léase venta exclusiva para los que pagan la cuota mensualmente-, sería bienvenido que el sistema muestre una transparencia impecable. De todas formas, la historia es conocida y todos saben que a la hora del expendio dos más dos no da como resultado cuatro, por culpa del famoso cáncer instalado en el fútbol… ¿La víctima? El hincha genuino, como siempre.

Por Germán Balcarce