Al hincha…

Entra al subte, se da cuenta que le faltan unas cuantas estaciones y como no es hora pico consigue asiento. Al pasar la mirada por las publicidades se le pega en la pupila una secuencia de colores y retrocede en el tiempo…

¡Varón, mami, es un varón!… Y el padre dijo… ¡Sí, carajo, me salió gallina!… Así le contó la vieja, cuando él le preguntó… La familia no le daría opción, padre, madre y abuelos cruzados por la roja desde siempre… ¡Al gallinero de una, pibe!

La vieja le guarda celosamente el conjuntito marinero que eligió especialmente para su primer año, rojo y blanco, lógico, por RIVER. La pelota, claro, la que le compraron, también roja y blanca… ¡Las tortas de cumpleaños!… La primera, una cancha a los seis, RIVER contra RACING, la otra, una camiseta con el rojo cruzado, y otra con el escudo del MÁS GRANDE… Y para hacerlo más pulenta… ¡Desde sus nueve, se cansó, basta de lugares cerrados, los cumpleaños se festejan alquilando salón siempre que haya una cancha!…

¡SOY DE RIVER, DE RIVER YO SOY!… La foto, si, esa, que cuando la mira de cerca parece San Martín, por la pose de orgullo y postura erguida, con el conjunto com-ple-ti-to de RIVER. Ni hablar de las camisetas, docenas, originales, truchas, firmadas, para salir, para dormir, la de cábala, la titular y la suplente.

No había mejor plan para él que ir al MONUMENTAL con el viejo, con los primos, con los amigos, solo, o, como venga, comer una hamburguesa grasienta, esperar la salida de los equipos, hasta explotar de adrenalina cuando entraban los Borrachos del Tablón y aunque no compartía con ellos algunos códigos éticos… ¿Quién se acuerda del comportamiento ético cuando ellos despliegan la blanca y roja en la popular?…

Se sentía un espectador en el Coliseo Romano viendo un enfrentamiento entre gladiadores, gritaba hasta la afonía y en muchas ocasiones recién a la salida se enteraba que había llovido y solo porque estaba empapado. En el MONUMENTAL la historia es otra, las inclemencias del tiempo no existen, declinan, mueren, se esfuman.

Por los doce o trece años, a falta de cuentos porque estaba grandecito, mientras todos dormían relataba futbol, a media voz, con los jugadores de figurita. Todos los equipos debían medirse con el MEJOR y al igual que en la realidad, RIVER vencía y vencía, ganaba títulos y se vestía de gloria.

El rioba, los amigos, la yeca, la pelota y el infaltable portón garaje del vecino, aquel chinchudo que se enojaba y salía a gritarles cuando estampaban un gol… ¡Goool de RIVERRRR!…

Creció, está más maduro, se acerca ya a los treinta, se fue de la casa paterna, vive solo, tiene novia, un buen trabajo, estudia, dejo la provincia, ahora vive en capital. Con algunos amigos se ve, con otros ya no, muchas cosas cambiaron… Aunque hay una costumbre inalterable, un sentimiento que se hizo más profundo y entrañable, el amor por la camiseta no se cambia ni se negocia… Sigue yendo al MONUMENTAL, como antes, ahora como socio, llueva o truene, deja a la novia, o, a quien sea y sino que lo acompañen. Va a la cancha como el devoto a la iglesia, y si bien ya no se cubre con la enorme bandera que un día le hizo la modista del barrio, lleva como siempre su gorro de pibe gallina. Deja el auto lejos, por las dudas, pero si lo rompen o lo afanan, mañana será otro día… Porque cada partido que se acerca es una nueva ilusión, entrar al MONUMENTAL es volver a la casa y ver a la familia… Para él, la hamburguesa grasienta se parece bastante a la comida de la vieja.

FeCo